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Zapatos y uniformes

Zapatos y uniformes

Zapatos y uniformes

Soy una madre de un niño de 5 años con TEA que tiene muchas dificultades sensoriales, sobre todo en lo que se refiere a ropa y zapatos.

Mi chico odiaba las camisetas de manga corta, los pantalones cortos, algunas texturas, colores y modelos de ropa. Se negaba a llevar muchos zapatos y ropa que le compraba (incluso cuando tenía la opción de elegir las piezas puesto que íbamos juntos de tiendas). Tuvimos varios episodios en los que no quería ponerse los zapatos, y lloraba y lloraba porqué no quería quedarse descalzo (sin zapatos y calcetines), pero necesitaba acostumbrarse a llevar el uniforme de la escuela para empezar el curso en septiembre a pesar de no gustarle nada ya algunos meses antes.

Hay muchos zapatos en el mercado que a él le resultan incómodos, por lo que habitualmente, cuando encuentro alguno que parece gustarle, se lo compro pero de tallas más grandes.

Os detallo algunas cosas que a mi me resultaron/resultan muy útiles:

Le compré zapatos muy amplios tipo bota y botín, con un poco de parte superior, de caña amplia, para poder ajustarle los pies bien alrededor de los tobillos. Empezamos a principios de otoño con zapatillas de estar por casa en forma de bota, pues son ligeras y suaves.

Tengo que decir que era (y sigo siéndolo) una madre astuta, pues compré las zapatillas de su color favorito y con los animales que tanto le gustan impresos en las zapatillas para motivarlo a ponérselas. Al principio solo se las ponía unos minutos (y recibía miles de ovaciones y refuerzo positivo), después pasó a llevarlas varias horas, gradualmente se incrementó el tiempo.

Una vez se sintió cómodo con sus zapatillas en forma de bota, pasamos a los zapatos tipo “botín” para salir a la calle. No fue una tarea sencilla encontrar el zapato correcto: no muy pesado, suave, impermeable, cálido y cómodo para él, pero lo encontramos. Eran más amplios y más grandes, y cuando llegó el invierno, tuvo que utilizar sus calcetines de invierno gruesos favoritos para ponerse los zapatos, lo cual supuso que él se sintiera más cómodo llevándolos.

Después, cuando el invierno llegó a su fin, la suela de los zapatos estaba bastante gastada. Entonces se me ocurrió crear una especie de historia social donde le explicaba que podría formarse un agujero en la suela de esos zapatos pronto y que le entraría agua, y entonces sus pies estarían fríos y podría ponerse enfermo. Al estar enfermo no podría salir a pasear, y que la única manera de evitar que pasara todo esto era ir a comprar otros zapatos de una talla más grande porqué los pies también estaban creciendo y bla, bla, bla. Mi chico aceptó comprar el mismo modelo, y compré una talla más grande pero de un modelo más estrecho y los llevó con calcetines normales (no los gruesos de invierno).

Al mismo tiempo, empecé a masajear los pies de mi hijo y descubrí que de esta manera toleraba modelos más estrechos (y algunas texturas de ropa también). Cuanto más estimulas sensorialmente cualquier parte del cuerpo, normalmente existen menos dificultades híper o hipo sensibilidad.

Una vez se acostumbró a llevar el modelo de sus botines favoritos y ya llevaba el verano, tuvimos que buscar sandalias adecuadas. No fue nada fácil tampoco, probamos muchas, y al final las más suaves resultaron las mejores. Mi chico sigue creciendo y seguimos con el mismo modelo, ahora ya hace 3 años, pero la diferencia es que ahora mi hijo lleva su talla correcta. De vez en cuando intento introducir algún modelo nuevo, hasta ahora solo he conseguido que lleve tres modelos diferentes, los otros tengo que venderlos o devolverlos.

En cuanto al uniforme escolar, también se negaba a ponérselo a menos que le ofreciera pantalones con goma elástica similares a los que lleva para estar por casa. Compré una camiseta de manga larga (ni roja ni azul) y un jersey abierto en vez de una sudadera. Cuando empezó la escuela, le fascinaban los botones, por lo que ambas piezas, tanto la camiseta como el jersey abierto, llevaban botones.

Probamos a que se pusiera alguna parte del uniforme durante los meses de verano (no todo el uniforme) en casa, mientras llevaba a cabo su actividad favorita, reforzándolo positivamente constantemente sobre lo elegante y guapo que estaba con esa ropa. Este refuerzo positivo hizo que creciera una actitud positiva hacia su ropa en él, y cuando llego septiembre estaba totalmente listo para llevar su uniforme. También hay algunas “palabras y frases mágicas” que utilizo para describir si algo es bonito/bueno o no. Cuando aplico las mismas “palabras mágicas” sobre algo que a él le gusta mucho, o sobre algo de lo que él no está muy seguro pero que a mi me gustaría que probara, le ayuda en gran manera a calmarse y prepararse para probarlo.

Lo más importante es no tirar la toalla cuando nos encontramos con dificultades en el camino. Si tu hijo no quiere llevar zapatos, prueba otros. Si no quiere llevar pantalones, prueba otros. ¿Todavía no está preparado? Dale más tiempo. Tranquilízalo con tu actitud positiva y sé paciente. Las frases tipo: “claro, cariño, ya lo sé, no te gusta este uniforme pero tienes que llevarlo” no ayudan en absoluto. Recuerda las palabras del rey Salomón: “Esto también pasará”. Nunca se sabe qué sorpresas y qué logros de tu hijo te esperan mañana.

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