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5 técnicas para reducir rabietas

5 técnicas para reducir rabietas

5 técnicas para reducir rabietas

1) Utilizad el tiempo para disminuir rabietas de transición (de una actividad a otra)

Muchos niños tienen problemas a la hora de salir de un sitio o al dejar sus actividades preferidas. A menudo algunos padres ni siquiera llevan a sus hijos al parque porque se angustian pensando en la hora de dejar aquella actividad. Muchos niños presentan conductas muy difíciles de prever: a veces chillan, intentan agredir a los padres y se tiran al suelo; otros salen corriendo intentando cruzar una calle transitada sin mirar…

Una herramienta que puede ser muy útil para estas situaciones es un temporizador o reloj visual. Avisaremos al niño cuando falten 10 minutos para que finalice la actividad, 5 minutos, 2 minutos y un aviso cuando falte 1 minuto antes de que haya un cambio de actividad. Estos avisos ayudan a los niños a prepararse para la transición. Ellos empezarán a aprender que primero llega el aviso y después el cambio de actividad o contexto. Con el tiempo, el reconocimiento de los minutos se convierte en una rutina, aunque la siguiente tarea sea muy diferente, y esto ayuda a reducir las conductas difíciles. Si el temporizador es visual, ¡es mucho mejor!. Por ejemplo, los time-timers pueden ayudarnos.

¡Utilizad vuestro teléfono móvil! Por ejemplo, creando un temporizador… "En cinco minutos nos vamos a bañar" "En dos minutos nos vamos al parque"

Esto ayudará al niño a sentirse más controlado pero sin tener él el control.

A las dos semanas de utilizar esta técnica cada día ya veréis los resultados.

Si tenéis dudas de cómo implementar esta técnica preguntad a nuestros terapeutas.

2) Sistema de Trabajo – PRIMERO / DESPUÉS

Muchas de las rabietas que presentan los niños con TEA se deben al hecho de querer obtener algún objeto o actividad que no pueden tener en un momento determinado. Un juguete, la merienda, una visita a algún otro lugar. Para muchas de estas situaciones podemos utilizar la estrategia visual de primero / después ... Esta frase, "Primero recoger y Después globo", por ejemplo, se utiliza para ayudar a los niños a que acaben una tarea antes de conseguir alguna cosa motivadora. De hecho, es lo mismo que hacemos los adultos. Por ejemplo, primero repasamos la agenda, y después nos tomamos un café. Al principio la tarea que hay que realizar deberá ser muy corta, definida y fácil de lograr para el niño, para tener el éxito asegurado.

"Primero colorear el dibujo y después salir a la calle." "Primero limpiar la mesa, después ir al parque."

Dependiendo de las necesidades y habilidades del niño/a, podemos utilizar esta técnica con imágenes, escritura, palabras en una pizarra o en un par de post-its.

Es una frase simple que proporciona una estructura temporal a la mente del niño y le ayuda a seguir las instrucciones adecuadamente. Ayuda a disminuir la frustración de los niños ya que pueden entender exactamente lo que se espera de ellos.

3) Refuerzo Conductual Positivo

Reforzar, identificar y afirmar acciones positivas específicas de los niños les anima a repetir aquella conducta adecuada. Por ejemplo, a un niño que comparte su columpio en el parque se le podría decir: "Me gusta mucho cómo compartes el columpio con tu amigo Pau". Es especialmente importante reconocer los comportamientos positivos que un niño presenta: estar tranquilo, seguir instrucciones, responder a preguntas adecuadamente... . Con estas palabras, el adulto indicará al niño que sus conductas positivas son muy valiosas.

Esta estrategia puede parecer muy obvia, e incluso ridícula, pero los adultos tenemos la tendencia de acordarnos de las conductas de nuestros hijos y alumnos solo cuando éstas no son adecuadas. Reconocer el buen comportamiento aumenta la probabilidad de que vuelva a suceder. (Nota: esto también funciona con los maridos). En un entorno con niños pequeños continuamente se utiliza la palabra “no”: deja eso, no hagas eso, no puedes comer eso, no lo toques, no pegues, ¡NO NO NO NO! Es más agradable reconocer y centrarse en aquello positivo. El elogio es uno de los mejores reforzadores que existen.

Para algunos niños los elogios y las alabanzas no significan nada. No son gratificantes, por lo tanto, no aumenta el buen comportamiento. En este caso debemos encontrar alguna cosa que sea gratificante. A veces se puede ofrecer algo pequeño: un caramelo o una ficha o una etiqueta que después puede cambiarse por alguna cosa de mayor recompensa. A menudo hemos oído decir:

"No me gusta sobornar a mi hijo". Para nosotros es como un pequeño cheque a cambio de una tarea determinada. Todos trabajamos para ganar una recompensa, ya sea emocional, financiera, comestible o tangible.

4) ¡Reforzad lo que queréis que el niño/a haga! ¿¡¡Alguna vez habéis gritado al niño/a, deja ya de gritar!!?

Minimizad el uso del “no” y del “para”. Por ejemplo, “camina por la acera” puede ser más eficaz que “no camines por la hierba”.

Esto permite que el niño sepa exactamente lo que queremos que haga. “Deja de gritar” puede convertirse en “Silencio”. “No pintar en la mesa” se convierte en “Pintemos en el papel”. Es contrario a la intuición de la mayoría de nosotros, pero funciona.

Es verdad que al principio nos sentiremos algo extraños, haciendo caso omiso de nuestro hijo/a mientras está gritando o tirándose al suelo. Pero cuando lo hacen, muchas veces es porque buscan nuestra atención, y darles cualquier tipo de atención refuerza ese comportamiento. Ellos aprenderán que no funciona y se darán cuenta de que reciben más atención si su comportamiento es positivo.

5) Mantened la calma.

Esta estrategia suele ser difícil.

Puede ser especialmente difícil porqué lo que suele pasar es que el niño/a se descontrola, y seguidamente perdemos el control nosotros mismos. Es agotador, muy cansado y frustrante. Hay que respirar profundamente y asegurarse que nuestras palabras suenan calmadas, aunque no lo estemos por dentro. Hay que recordarse a uno mismo que somos adultos y si queremos que nuestro hijo/a cambie de comportamiento también debemos hacerlo nosotros.

Los niños no siempre tienen el lenguaje para explicar qué quieren, qué necesitan y qué es lo frustrante para ellos. Tendremos que ser amables, estar tranquilos y ser pacientes si queremos que sigan nuestro ejemplo.

Estas estrategias son sencillas y lógicas, pero a menudo muy difíciles de aplicar. En general, son la base de muchas de las técnicas que se aplican actualmente y que tienen reconocimiento científico. Los que tenemos niños en casa somos los que mejor sabemos que no es fácil, pero persistiendo veremos que las rabietas tienden a disminuir.

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